Reflexiones entre equívocas y univocas: Caer (por Juan Oviedo)

El título dice: que el presidente se apaga y “cae”, lo que significa moverse de arriba hacia abajo por la fuerza de la gravedad, ese caer es físico, pero socialmente caer es generar rechazo, incomodidad o una mala impresión en los demás, pero el sentido de fondo del título no es el físico ni el social sino general, que incluye lo institucional, lo moral y las personas en este país, porque ¿cómo es que se ha caído en manos de quien preside?, ¿cómo es que se ha caído en ese lamentable error?, la descomposición ha de ser notable y lo peor, es que no pare ahí, el actual que preside sea solo un antecedente y un precedente
del próximo quien, quizás, sea ¡peor!, lo cual quitaría el significado de caer y plantear a la autodestrucción como algo normal.

Entonces, el problema no es solo quien nos preside sino también en quienes lo han puesto en tal función, y el caer no son por los casos de corrupción del presente gobierno como el 3%, Adorni, etc., sino votar a errores, los que notablemente edificaron su campaña en lo que ellos son: la casta, caer en la casta por décadas y décadas es caer sistemáticamente, como significa caer en los personalismos partidarios, esos que eliminan todo tipo de análisis político en los -militantes- por quedar presos de la imagen, del carisma emocional que esos astutos despiertan y explotan electoralmente, el militantismo es la negación a
toda mirada política crítica y las bases subterráneas que configuran al presente caer. Por ello hay una trampa en el -sentido común- que significan los votos, porque tal sentido es acrítico, lo común es mera mayoría que no pone en tela de juicio a lo que defiende o sustenta, es una firma que acuerda con algo, tal como son las cantidades electorales llamados votos y poseen el rango de sentido común, bueno, un país no puede quedar preso de sujetos que fueron instalados y justificados por el sentido común de la cuantificación, las instituciones no pueden quedar presas de un instalado por las urnas, los votos no deben tornar paradojal de ¡como la cantidad! queda licuada por una individualidad que decide
destinos. Porque la maquinaria institucional, económica y soberana no puede quedar en manos de una persona, eso era el pasado con Reyes y Emperadores, y si hoy está en la cabeza de un país un tipo/pa carismático/ca, la casta a la que se decidió desechar, se la instale ahí, he aquí la miopía que el sentido común significa, ¿recuerdan?, YO NO LO VOTE.

Libranos -sea ese quien sea-, nos libre de seguir presos de un sujeto con poder, ¡qué hay que hacer!, ¿renovación constitucional?, a renovarla, no se debe trasladar, ese poder político al cual el sentido común posiciono como gobierno sin límites algunos, ¿la división de poderes?, es una ¡mentira!, cualquier sujeto honesto intelectualmente la ve, entonces, ¡basta! de ser un maldito país mesiánico en caída continua, que nos lleva a lo de siempre, volver a caer en ellos, ¿entienden verdad?, entonces, la pregunta, ¿hay otra
alternativa?, no, no la hay, comprende compadre que así ¿no hay solución? La caída -no es- de la imagen de un infatuado sino de un país que los viene soportando por décadas y décadas y justificados por la trampa burguesa de la democracia.

Juan Oviedo