• 22/05/2024 16:58

La importancia de resignificar

Abr 23, 2024

¿qué pensas cuando vas al super?

¿qué sentís con ese Amor que no terminó bien?

¿qué te decís en esos momentos en que te equivocas?

¿qué sucede con la pérdida de un ser querido o mascota?

¿Qué valor le das a tu vida hoy?

¿agradeces la enfermedad?

¿agradeces la crisis?

Todo depende del filtro con que mires las cosas. ¿Qué regalos nos traen estas situaciones?

Generalmente, nos ahogamos en un vaso de agua. En el día de ayer, una persona me contaba a mí y a otras personas, como fue lidiando con una enfermedad que le diagnosticaron hace un año, -leucemia- y realmente pude percibir sus ganas de vivir, su convicción de lo que quiere hacer y de qué manera quiere vivir su vida hoy. Fue conmovedor escuchar sus palabras.

Resignificar es eso, justamente luego de una situación difícil o desafiante para nosotros, ver que nos deja toda esa experiencia. El poder ver qué hay detrás, de qué manera nos atravesó eso que paso, sin dudas ya no somos los mismos. Entonces, ¿vale agradecer estas situaciones por más dolorosas que sean? Como les dije en una nota anterior, ¿de qué manera nos daríamos cuenta de movernos o hacer algo diferente de no ser por estas situaciones? Obviamente que transitar estos momentos dependerá en cómo nos hablamos a nosotros mismos y de qué estamos hechos. En palabras de este chico, decía “jamás imagine tener la fuerza de afrontar esta situación con tanta seguridad. Yo voy a poder, aun cuando los médicos me decían, no sé si llegas a fin de mes.” Y nada más conmovedor escucharlo de alguien que vivió algo duro en su vida, porque nos llena de entusiasmo y esperanzas, pero, sobre todo, para corroborar una vez más, que todo depende de la emocionalidad con que vivimos el día a día. Aun cuando el final no haya sido lo que esperábamos. Agradecer a pesar de….

Hoy, charlando con Gabriel, una persona que amo por su sensibilidad, alegría y optimismo con el cual vive la vida, me regaló una frase, que disparó la idea para la nota de hoy.

Resignificar la frase “solo se vive una vez”, y me dijo el: No. Solo se muere una vez, vivir vivimos todos los días, el tema es cómo, desde qué lugar.

Por eso las preguntas iniciales, porque la vida siempre nos da la posibilidad de elegir y decidir e independientemente de cómo haya sido el final, siempre ganamos. En madurez, en libertad, en autoconocimiento, en saber priorizar las cosas que realmente valen en nuestra vida y cómo queremos vivirla. De eso se trata para mí, resignificar. Darle otra mirada y punto de vista a lo sucedido.

Otra frase que viene al caso es, “el tiempo lo cura todo”. No. El tiempo no cura todo. Es lo que hacemos en ese tiempo con lo sucedido. Hay personas que se quedan alimentando el dolor, el rencor, tristeza por aferrarse a la interpretación que hace de las cosas y eso no es otra cosa que perpetuar el sufrimiento.

Poder tomar el dolor, mirarlo y ver que te está diciendo, es comenzar a hacerte responsable de tu vida. ¿qué te dice el dolor de cuándo alguien te “abandona”? tal vez, que ya es hora de conocer tu poder, de que es hora de ocuparte de vos y lo que querés y no esperar la aprobación de otros, de que vos podés sola/o. Ahora bien, ¿te ves capaz de lograrlo? ¿estás decidida/o? o ¿sentís lástima de vos misma/o? Es muy finita la línea entre la persona autoexigente, “yo puedo con todo” o la víctima “pobre de mí”. La diferencia es, que cuando acepto mi vulnerabilidad, de que a mí también me pueden pasar estas cosas y decido ocuparme de mi bienestar, validando mi sentir, la situación, tomándome mi tiempo para entender, pero con la idea firme, de aprender cuando pueda verlo, de todo lo que me dejó esta situación dolorosa que viví.

Entonces ¿cómo no agradecer a alguien que me dejó, si sacó lo mejor de mí? ¿cómo no agradecer a la enfermedad que me dio la posibilidad de conocer partes de mí que no sabía que existían? ¿Cómo no agradecer la crisis si me invita a moverme y hacer lo que me gusta como en mi caso? ¿Cómo no agradecer la tristeza si me hizo conectar con mi dolor que estuvo guardado por tanto tiempo? Somos instantes, como dice una canción y tenemos la libertad de modificar aquello que no nos hace bien.

Resignificar, es darle sentido a la situación. ¿Para qué me pasa esto?

Resignificar, es priorizar personas, cosas o situaciones e ir descartando lo que ya no me aporta. No desde el enojo o creerme superior a los demás, sino porque yo decido seguir, transformarme y los demás van por otro camino. Es sencillo. El tema es cuando nos apegamos a personas, creencias o cosas. La falta de flexibilidad, hace que en un punto nos “rompamos”. Porque estamos hechos para crecer, ser libres, hacer lo que nos gusta y vivir de la manera en que cada uno elija y decida. Para eso se necesita mucha valentía, autoconocimiento e independencia.

¿Será que tenemos que transitar estas dificultades para vivir realmente?

¿Será que es la forma en que el Universo o Dios nos dice estás lista/o para el siguiente nivel?

En éstas oportunidades solemos decir o llamarlo, “pruebas que Dios nos pone”, en realidad nos ponemos nosotros, por aferrarnos a algo y para mí, es la forma en que Dios, se manifiesta diciendo todo está bien, estoy siempre a tu lado, solo que no me querías ver o aceptar que estoy con vos. En mi caso, no me creía merecedora de ese AMOR.

En éste mundo de urgencias, donde se manda mensajes de textos subidos a una moto, ¿cómo podemos pensarnos y sentirnos? ¿cómo vamos a estar tranquilas/los si le acostumbramos a nuestro cuerpo a ir a mil? Lo más triste de todo esto, es que nos acostumbramos a vivir así. A las corridas, a lo difícil, a sufrir y pasarla mal. Nos repetimos tantas veces las cosas malas y negativas en nuestra cabeza que nos terminamos creyendo.

Así como las aprendimos podemos desaprender. Ir colocando lo que queremos y elegimos, permitiéndonos ver las cosas desde otro lugar. Es como subirse a una montaña, en cada altura vas a ver un paisaje diferente, ni que hablar cuando llegas a la cima, podes ver el panorama más completo y como se relacionan cada uno de los elementos.

En su libro, “Prisioneros del pasado”. Las heridas infantiles no son un destino. Patricia Faur, Psicóloga Argentina, escribe sobre cómo vamos inventándonos, en algunas ocasiones lo que hubiésemos querido que ocurra en nuestro pasado. Es un mecanismo de la mente, el “sacar u omitir” algunos aspectos dolorosos y cambiarlos por otros más agradables”. Y nos aferramos a eso, a lo que es más cómodo pensar porque ocuparnos de ver la verdad puede doler.

“A veces el pasado nos atrapa y no nos deja avanzar”

Melodías, canciones, aromas, palabras, lugares. Los recuerdos se van colando y aparecen, en ocasiones, sin ser llamados. Provocan una descarga emocional de llanto, de congoja o de alegría aun antes de ponerlas en palabras. Se tratan de reacciones muy primarias que afectan una región de nuestro cerebro- que es la amígdala. Esta porción de nuestro cerebro –que nada tiene que ver con la amígdala que está en la garganta- es la sede de nuestra memoria emocional. Tenemos 2 amígdalas porque tenemos dos hemisferios cerebrales y la amígdala, con forma de almendra está ubicada en el lóbulo temporal. Así, pequeñita como es, controla nuestros miedos y es el centro de la respuesta de procesamiento emocional del estrés.

Ella no piensa. Actúa. Reacciona en primera instancia con una evaluación casi automática. Es primaria, básica. Su función es tan importante que dota de contenido emocional a una situación y eso va hacer que quede guardado un recuerdo. En una segunda instancia ya puede evaluar con más claridad porque sus mecanismos de conexión la unen a otras áreas más elaboradas del cerebro. (Pág 63-64)

Cuando aprendí esta idea o concepto en varías de mis capacitaciones, pude darme cuenta de la importancia de resignificar. En la amígdala se guardan los recuerdos de nuestras vivencias a través de las emociones que sentimos en ese momento. Las emociones son el pegamento para los recuerdos y estas pueden ser placenteras o displacenteras que darán como resultado, recuerdos “buenos o malos”. Por lo tanto, no es la verdad, es nuestra interpretación de las cosas. “vemos las cosas como somos, no como son.”

Entender que esta parte del cerebro se basa en cuestiones pasadas para tomar las decisiones, me da la posibilidad de transformar mi mirada. Es decir, si tuviste una mala experiencia en un examen con una profe, es probable que sientas miedo cuando vas a volver a rendir. Pero no necesariamente te irá mal de nuevo.

Como dice el texto, la amígdala no piensa. Actúa. Al conocer cómo funciona el cerebro, puedo saber cómo intervenir en el y darle otro sentido a mi vida. Por eso digo que siempre podemos “modificar esas creencias o patrones de comportamientos”, que nos hacen sufrir.

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El curso-taller que voy a dar en mayo, te contaré cuestiones básicas para que puedas tener la voluntad para hacer lo que te gusta y comprender el por qué se detonan ciertas emociones. También desmitificar lo que es la meditación, que no necesariamente tiene que ser sentadas/os, poner la mente en blanco o música suave, sino otros recursos para intervenir en tu sentir y darles sentido a tus vivencias.

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Paula Vera

Docente-Coach

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